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Ana Jiménez

Co-directora para Latam de Equativ

Lidera la estrategia regional enfocada en audiencias, datos propios y soluciones multipantalla para marcas y agencias.

El manual para la atención deportiva moderna

El Mundial concentra como pocos eventos la energía colectiva de nuestra industria. Marcas, agencias, medios y plataformas coinciden en el mismo calendario, con presupuestos históricos y una promesa común: estar donde está la conversación. Esa promesa es legítima, pero también incompleta. Porque el aficionado al fútbol en 2026 no es —ni nunca fue— un espectador estático frente a una sola pantalla durante 90 minutos. Su jornada de descubrimiento es mucho más amplia, diversa y, sobre todo, distribuida a lo largo del día.

El fanático mexicano del fútbol es un usuario hiperconectado por naturaleza. Antes del partido, consulta alineaciones, lee análisis tácticos, escucha podcasts y revisa estadísticas; durante el partido convive con la transmisión y comparte reacciones en una segunda pantalla; y después, prolonga la experiencia con highlights, memes, columnas de opinión y debates en foros, comunidades, redes y apps de noticias.

La pasión no se enciende a la hora del silbatazo inicial: se construye en touchpoints distribuidos a lo largo de toda la semana, en distintos entornos, contextos y dispositivos.

Esto cambia la forma en que las marcas deberían pensar la inversión durante el Mundial. La discusión más fértil hoy no es si conviene apostar por una u otra plataforma —todas tendrán un rol relevante—, sino cómo construir una visión verdaderamente holística del usuario que permita impactarlo no en todo momento, cosa imposible y poco eficiente, sino en el momento, contenido y pantalla donde su atención está en sus niveles más altos. Esa lectura integrada del journey es, en mi opinión, la principal ventaja competitiva que un anunciante puede construir para lo que viene.

Aquí entra una conversación que la industria ya no puede postergar: la calidad real del inventario. El crecimiento de los sitios Made For Advertising (MFA) ha inflado métricas tradicionales sin generar un impacto comercial proporcional para las marcas. En un año con CPMs presionados al alza y competencia inédita por la atención, impresiones, views y CTR no alcanzan para evaluar la salud de una campaña.

Métricas de atención como el Attention Unit (AU) desarrollado por Adelaide están ganando terreno precisamente porque permiten estimar la probabilidad real de que un usuario perciba un mensaje, en función del contexto, formato y entorno donde se sirve. No reemplazan a las métricas existentes: las cualifican y, sobre todo, las hacen comparables entre ambientes muy distintos.

El Mundial será, sin duda, el escenario publicitario del año. Pero la diferencia entre una marca que aprovecha el momento y una que solo lo paga estará en la disciplina con que construya su presencia: con datos, con una visión hiperconectada del usuario, con criterio sobre la calidad del entorno donde aparece y con KPIs que reflejen atención real, no solo exposición. Esa disciplina es, al final, lo que separa al alcance de la consideración —y a la inversión, del retorno. Es la conversación que vale la pena tener antes del silbatazo inicial.