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Poncho García-Valenzuela

Managing Director de FUSE en Omnicom Media

Lidera FUSE, la unidad de Entertainment, Sports & Music en Omnicom Media, trabajando en la intersección entre marcas, contenido y cultura e impulsando un modelo donde las marcas son coproductoras de IPs. Con más de 20 años de experiencia, ha participado en más de 20 producciones audiovisuales como la película A una isla de ti.

De financiar a crear: el papel de las marcas en el nuevo ecosistema del streaming

La conversación sobre el streaming ha dejado de girar en torno al crecimiento para centrarse, casi de forma obsesiva, en la monetización.

Tras años marcados por la carrera del volumen -más plataformas, más suscriptores, más originals-, el ecosistema ha entrado en una nueva fase: la de la sostenibilidad. Los grandes players han ajustado sus estrategias bajo una presión creciente para que cada proyecto justifique su retorno. Ya no se trata solo de atraer usuarios, sino de retenerlos, rentabilizarlos y construir modelos que funcionen a medio y largo plazo.

En ese contexto, el modelo basado exclusivamente en la financiación tradicional empieza a mostrar sus límites. Y es ahí donde emerge con fuerza una nueva lógica y una gran oportunidad: la diversificación de financiación y el papel estructural de las marcas.

Durante años, la relación entre marcas y contenido fue táctica: patrocinio, product placement e integraciones más o menos orgánicas. Hoy, esa relación se está redefiniendo en términos mucho más profundos. Las marcas no solo financian, crean, producen y, en algunos casos, son también copropietarias de la IP.

Este cambio no es menor. Supone pasar de un modelo donde el contenido era una inversión de marketing a otro donde se convierte en un activo estratégico. Un activo capaz de generar audiencias, conversación, distribución global y valor a largo plazo.

Pero reducir el papel de las marcas a la financiación sería quedarse corto. En un entorno saturado de oferta, donde la diferenciación es cada vez más difícil, las marcas aportan algo aún más relevante a la industria audiovisual: narrativa.

Las marcas llevan décadas construyendo relatos, conectando con las audiencias y operando en entornos de alta competencia por la atención. Esa experiencia resulta clave para convertir contenidos en verdaderas marcas de entretenimiento.

A esta ecuación se suma un factor clave y decisivo: la distribución. Las marcas no solo ayudan a crear contenido; también son amplificadores naturales. Sus canales, comunidades y capacidad de activación convierten cada proyecto en algo más que una pieza audiovisual, una experiencia extendida.

Desde una perspectiva de industria, esto dibuja un escenario donde las fronteras se difuminan. Productoras que buscan financiación fuera de los circuitos tradicionales, plataformas más abiertas a modelos híbridos, y marcas que dejan de ser anunciantes para convertirse en actores protagonistas del ecosistema audiovisual.

El resultado es un nuevo equilibrio. Más complejo, pero también más rico.

La monetización del streaming no vendrá de una única palanca, sino de la combinación de varias: suscripción, publicidad, licencias, experiencias… y, cada vez más, contenido concebido desde su origen como una colaboración entre entretenimiento y marcas.

Quizá la pregunta ya no sea cómo financiar contenido, sino quién está dispuesto a construirlo de otra manera. Y ahí, las marcas no son una opción. Son parte de la respuesta. No estamos ante un ajuste coyuntural. Estamos ante un cambio de paradigma.

Desde FUSE (Omnicom Media) llevamos años trabajando en esa dirección, explorando modelos en los que marcas, productoras y plataformas colaboran desde el origen para desarrollar proyectos de entretenimiento, con recorrido y valor real como activo estratégico. Y no como una alternativa, sino como una evolución natural del sistema.

Hoy, ese enfoque deja de ser anticipación para convertirse en presente.