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Juan Marcos Melo

Socio y cofundador de VYCO App

Con más de 13 años de experiencia, se especializa en idear modelos de negocios para las industrias creativas y tech e identificar oportunidades en mercados internacionales, creando planes personalizados que aseguren el éxito y la sostenibilidad a largo plazo. Está a cargo del área de Estrategia & Partnerships en VYCO y es consultor en internacionalización de empresas.

Microficciones verticales: el formato que parte en dos a la industria audiovisual

Durante los últimos dos años, en la industria audiovisual de players independientes y del mainstream se viene debatiendo sobre cómo adaptar los contenidos tradicionales al entorno nativo digital. Pero las microficciones y los microdramas verticales no nacen del debate, vienen de YouTube, de Facebook/Instagram, de Kwai/Kuaishou como plataforma nativa pionera en 2019, principalmente respetando una fórmula narrativa china que incluyen esos cliffhangers dopamínicos.

Varias plataformas más consolidadas ya saben que deben repensar no solo en la duración del contenido sino en la narrativa entera: el ritmo, la edición dinámica, la estructura episódica y loslinks emocionales en los primeros segundos, básicamente porque si no engancha, el usuario no tiene ningún cargo de conciencia en dejar de darle importancia al esfuerzo del creador, de su equipo y de quien haya colaborado en financiar el proyecto, priorizando ante todo su tiempo de entretenimiento con otros contenidos.

Cuando uno mira los números,según datos de la GSMA de la edición 2025, la región superó los 450 millones de suscriptores móviles únicos, con una penetración cercana al 70% de la población. Entendemos entonces que el formato vertical es una oportunidad concreta de negocio y no en un trend provocado por la caída de los presupuestos para originales y de adquisición de contenido por parte de las grandes plataformas y medios.

A una parte de la industria, este hábito de consumo expuesto en números y reportes transparentes le generan resistencia, más que nada en sectores creativos y operadores tradicionales que miran ninguneando la realidad del formato. Algunos motivos que exponen son los tiempos narrativos y las jornadas de producción aceleradas y de presupuestos más bajos que los contenidos tradicionales, por lo que lo relacionan a una supuesta baja calidad final del producto audiovisual. Otros se “horrorizan” por el nivel de exposición inmediata que generan las plataformas sociales, donde el público puede ser o muy buena onda fanatizándose con los personajes de las historias o completamente despiadado sobre lo que ve, comentando y compartiéndolo sin filtros.

Todo es entendible, pero no alcanza estos argumentos como para descartarlo como formato de consumo masivo y monetizable. Hay algo que la resistencia de la industria audiovisual parece ignorar: los microdramas también están reactivando el trabajo real, porque generan oportunidades para actores y actrices que no están en los elencos habituales de las grandes plataformas, permiten descubrir talento nuevo, movilizan equipos técnicos y estudios inactivos por la caída en la demanda de producción independiente y algo para nada menor, permiten testear ideas, géneros y estructuras narrativas sin hacer uso de presupuestos millonarios.

En una industria audiovisual latinoamericana que atraviesa un momento complejo, esto tiene un valor económico muy concreto. Desde mi experiencia desde VYCO app, cuando la lanzamos junto a Miguel Wiernes Angeluk, su fundador, en junio del año pasado como la primera app latina de microficciones verticales, entendimos que era el momento de dar protagonismo a todo el contenido producido desde el año 2020 por We LATAM, como productora pionera del formato, por las bajas barreras de entrada y la validación de las audiencias de YouTube sobre el contenido publicado en sus canales de ficciones. Aquí no se tiene feedback del usuario meses después del estreno del contenido y empieza a influir casi en tiempo real sobre las decisiones creativas y comerciales, cambiando la lógica del negocio.

Ahora la conversación no pasa por si las microficciones «funcionan» o no, más bien es la evolución del formato dentro del ecosistema audiovisual y eso implica decisiones concretas. Por ejemplo, aplicar virtual production para mejorar calidad del contenido reemplazando diferentes locaciones físicas para optimizar el presupuesto del proyecto, construir modelos de monetización sostenible, así como también desarrollar propiedad intelectual y seguir generando comunidad, porque al final del día son las audiencias las que sostienen estas historias. ¿Sobre el uso de IA generativa como herramienta para escalar producción? ¡Eso es para otro artículo!