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Sharon Zyman

CEO de Publicis Groupe México

Ejecutiva mexicana con más de 20 años de trayectoria en medios, publicidad y entretenimiento, Zyman ha liderado áreas clave en compañías como Warner Media y Televisa, desarrollando una visión estratégica enfocada en marketing, liderazgo, transformación digital e innovación.

Si en 1986 el mundo se unió por un balón, ¿qué necesitará hoy para volver a hacerlo?

Cuando el Mundial llegó a México en 1986, yo era una niña. No recuerdo goles ni resultados. Recuerdo una frase que parecía suficiente para explicarlo todo: México 86… “el mundo unido por un balón”.

Cuarenta años después, el mundo ya no funciona así. Y tengo que decirlo: hay mucho de ese mundo que verdaderamente extraño.

Hoy estamos hiperconectados, pero profundamente aislados entre nosotros. Hablamos todo el tiempo, pero escuchamos poco. Coincidimos menos. Y, sin embargo, lo que más nos emociona sigue siendo lo mismo: encontrar momentos que nos permitan volver a sentirnos parte de algo común.

Por eso el Mundial 2026 importa. No por el fútbol. Sino por lo que va a dejar ver del mundo que hoy somos: cómo nos reunimos, cómo conversamos, qué necesitamos para volver a sentirnos cerca en una época que privilegia la distancia.

Desde la mirada de Publicis, observamos algo claro: no se trata sólo de cuánto se verá el Mundial, sino de cómo se va a vivir. Los datos confirman que en México la gente organizará su día alrededor de los partidos, que preferimos vivirlos acompañados y comentarlos en tiempo real. Pero más allá de los porcentajes, lo que eso revela es algo más profundo y, quizá, más urgente: necesitamos pretextos para volver a reunirnos en vivo, más allá de tener el celular pegado a la mano.

El balón es solo el disparador. La conversación es el verdadero evento.

Ahí es donde cambian las reglas del juego. El Mundial ya no sucede únicamente en la cancha. Sucede en múltiples pantallas, en comunidades digitales, en memes, en creadores que interpretan lo que sentimos antes de que sepamos cómo decirlo. No se trata de atención cautiva, sino de atención compartida.

Y sí, esto incomoda —y debería incomodarnos— a todos los que trabajamos en marketing y comunicación. Porque hoy ir más allá del patrocinio no es opcional. El logo dejó de ser suficiente. En un entorno donde todo se comenta y todo se juzga, solo las marcas que entienden el pulso cultural del momento logran ser parte real de la conversación. Las demás pasan de largo.

Para mí, el Mundial 2026 no será una prueba de creatividad ni de alcance. Será una prueba de honestidad. Me emociona ver cómo algunas marcas lograrán conectar genuinamente con las personas, y cómo otras simplemente cumplirán con una rutina para hacer check en su calendario de marketing.

Si en 1986 el mundo se unió por un balón, hoy la pregunta es inevitable: ¿qué más —además del fútbol— puede volver a unirnos?

Este Mundial no se va a ver. Se va a vivir.